miércoles, 12 de enero de 2011

Una historia conmovedora...


En la Navidad de 1914 ocurría el hecho más sorprendente de toda la Primera Guerra Mundial.

La I Guerra Mundial, llamada en ese momento la Gran Guerra, se le denominó también la guerra de las trincheras, ya que las tropas luchaban a lo largo de kilómetros de trincheras. En ocasiones el enemigo se encontraba ...enfrente a escasos cien metros.
En aquella Nochebuena de 1914, uno de los vigías del ejército británico, advirtió la aparición de unas tenues luces en el lado alemán, con lo que dio la voz de alerta para prepararse para el ataque. Sin embargo, nada sucedió. Las luces se multiplicaron, y al observar por los binoculares, los británicos se llenaron de asombro al constatar que se trataba de árboles de Navidad iluminados, que situaban fuera de las trincheras. El Káiser de forma directa había ordenado que se enviasen abetos con adornos navideños al frente, junto con raciones extra de pan, salchichas y licores, unas medidas para aumentar el ánimo de la tropa, durante tan señaladas fechas.
Pronto se oyeron con claridad agradables voces en alemán cantando villancicos: "Stille Nacht, heilige nacht..." "Noche de Paz, noche de amor...".
Los soldados franceses y británicos admiraron perplejos los árboles luminosos. Esa visión casi irreal ayudó a crear un inesperado clima de fraternidad durante la noche. Varios soldados británicos se animaron a cantar también desde sus posiciones villancicos en inglés, con lo que el intercambio de balas de los meses anteriores se transformó en un intercambio de villancicos.
Tímidamente y envueltos en el mágico espíritu de la Navidad, se fueron uniendo a distancia a sus grandes enemigos, entonando cánticos al mismo son.
En tal estado de confraternidad, soldados alemanes comenzaron a gritar en un inglés aproximado "We don't shoot, you don't shoot!" ¡No disparamos, ustedes no disparen! Sin embargo, la duda y el temor no se habían disipado del todo.
Al amanecer, el día de Navidad, algunos soldados germanos, comenzaron a agitar banderas blancas y a salir desarmados de sus trincheras, con las manos en los bolsillos, a tierra de nadie. En el primer momento los aliados vacilaron, pero pronto salieron a su encuentro. Los hombres, que hasta ese mismo día habían estado matándose, compartieron tabaco, alcohol y chocolate. Los gestos de solidaridad continuarían durante toda la jornada, cada bando pudo recoger a sus compatriotas muertos en los combates de los días anteriores y darles digna sepultura. Los enterramientos fueron asistidos por el capellán de uno de los ejércitos, con dolor por ambos bandos.
Se intercambiaron regalos, algunas pocas cosas que habían recibido de sus familias las intercambiaron con los soldados del otro bando. Quien no tenía qué dar, se despojaba de los botones de su casaca para que quedaran como recuerdo. Otros mostraban fotos de sus familiares, cartas, recuerdos íntimos...
¡Alemanes y británicos llegaron a jugar un partido de fútbol! Unos dicen que terminaron 2-1, otros que 3-2, siempre a favor de los germanos.
La noticia de esta tregua llegó a los respectivos cuarteles generales y se adoptaron medidas para frenar esa actitud. Un número indeterminado de soldados franceses sufrieron severos castigos como escarmiento, mientras que por parte de los alemanes fueron enviados al frente oriental, uno de los más duros castigados por la aviación aliada. Se cuenta la historia de un capitán del ejército británico que fue condenado a muerte por su estado mayor por "confraternizar con el enemigo" en la tregua de Navidad del '14. El mismo rey Jorge de Inglaterra tuvo que intervenir para que se le perdonase la vida.
Las cartas en la que los soldados narraban los hechos a sus familiares fueron destruidas y algunas informaciones que llegaron a los periódicos británicos se censuraron. Los franceses confiscaron los negativos de las fotografías que algunos soldados habían tomado durante la tregua, en donde se veía posando a todos amistosamente.
Alfred Anderson, fue el último testigo de esa tregua navideña que quedaba vivo, este escocés falleció a los 109 años. A él la tregua de Navidad le tocó en Francia y duró solamente un día. Pero la vio y la vivió, estuvo con los alemanes, departió con ellos. Fue un hecho real, fue la magia de la tregua de la Navidad de 1914.

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