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viernes, 20 de julio de 2018

Teucro fundador de Pontevedra

Según don Claudio González Zúñiga, autor de la primera “Historia de Pontevedra”. Nuestra ciudad fue fundada por Teucro en el año 1215 a. C. 
Cuánto hay de historia o de leyenda sobre el héroe y estos acontecimientos sería otra cuestión a tratar.


Teucro fue un personaje de segundo rango entre los que participaron en la Guerra de Troya y uno de los guerreros que se introdujeron dentro del célebre caballo troyano, famoso por su habilidad en el manejo del arco. 

La escasísima iconografía que sobre este personaje se conoce ha sido el motivo por el que se le ha representado de forma equívoca, así la imagen que podemos contemplar en lo alto de la fuente de la Peregrina, una réplica del cetro del Gremio de Mareantes, más se asemeja a la representación de Hércules matando al “León de Nemea” en uno de sus doce trabajos, o quizá con más parecido todavía a Sansón que fue realmente quien desquijaró al león, ya que Hércules lo mató con la clava. 


A pesar de esta errónea representación, lo que sí parece del todo cierto es que a quien se quería representar era al héroe griego, pues “Teucro” se le denomina al cetro del Gremio de Mareantes y lo ratifica la inscripción que porta.

jueves, 19 de julio de 2018

Un viejo lobo de mar en las Chafarinas.

Me encontraba yo, en noviembre de 1986, en la isla Isabel II, la más grande y habitada de las Chafarinas. 
Cuando una tarde de temporal con fuerte viento del estrecho, solicitaron permiso, por radio, para resguardarse en la isla dos pesqueros marroquíes, anteriormente ya lo había hecho uno argelino y tras ellos un pequeño y raído velero, más parecido a una cáscara de nuez, que en el medio de aquella tremenda ventolera y la mar picada parecía increíble que se mantuviese a flote. 

Me tocaba a mí guardia en el muelle así que, junto con otro compañero, tuvimos que acompañar al sargento para las inspecciones de rigor. Era habitual que los días de temporal o viento muy fuerte en el estrecho, las pequeñas embarcaciones que transitaban por la zona solicitasen, por radio, permiso para poder refugiarse en el muelle de la isla, mientras amainaba el fuerte viento, y a pesar de ser zona militar restringida, se les solía permitir hacerlo, se inspeccionaba la embarcación, se tomaba nota de la documentación y si se trataba de pesqueros, generalmente, dejaban como compensación unos cuantos kilos del pescado de las capturas, amén de otras mercancías que portaban de “extranjis”, normalmente tabaco y alcohol.
Cuando le tocó el turno al velero, me quedé sorprendido. Era una embarcación de madera, ajada y muy rudimentaria, de unos cuatro metros de eslora, con un pequeño tambucho de camarote, un mástil con una sola vela y el timón de caña manejado a mano, “Albatros” era su nombre, no llevaba ningún instrumento electrónico, era la navegación pura y dura, con brújula y sextante, nada más. Su pabellón francés y su puerto de origen Marsella, aunque en esta travesía venía de Tánger. 
El tripulante era ya un hombre mayor, bastante mayor, un francés, un auténtico viejo lobo de mar, con barba y pelo canoso; en sus brazos llevaba tatuada más de media vida, simbolizada por sirenas, neptunos, delfines, barcos, anclas, mujeres desnudas, corazones rotos con nombres de mujer, diversas leyendas… 
Mientras realizaba las tareas de amarre y los pertinentes trámites de filiación lo estuve observando, le pregunté hacia donde se dirigía, debo decir que mi conocimiento del francés es el justito para pasar el día, aún así nos entendimos. Pese a su aspecto sobrio y parco en palabras, se mostró con ánimos para charlar, llevaba más de media vida navegando por el Mediterráneo, lo había recorrido desde el estrecho hasta el Bósforo siempre con el mismo barco, lo había construido él, con sus propias manos, un día decidió que lo que deseaba era navegar y vivir en total libertad, siendo únicamente él y el viento los dueños de su destino. Prácticamente no tenía nada, solamente aquel viejo cascarón por barco, pero se le veía feliz, no era una vida fácil, pero era la que él había elegido y le gustaba. Me habló entonces de la dureza de la mar y le pregunté que pasaría cuando ya se viese sin fuerzas para poder navegar solo, y me dijo que la mar se cobra sus tributos, él llegó a un acuerdo con ella, durante todos estos años, y esperaba que unos cuantos más, la mar le había facilitado todo lo necesario para vivir y cubrir sus necesidades básicas, le facilitó el medio por el cual desplazarse y vivir la vida libre e intensamente como había querido y le propició una inmensa fuente de subsistencia, como pago él le ofreció lo único que podía ofrecerle, su vida, me dijo: el día que ya no tenga fuerzas, la mar me encontrará aquí, tranquilo y sereno, surcando sus aguas, ella misma será la que se encargará de llevarnos a mí y este viejo amigo (refiriéndose a su barco) con ella. 
Al día siguiente yo me encontraba de vigilancia en la atalaya, en la zona más alta de la isla, y poco después de despuntar el sol lo vi partir en su viejo cascarón, con un navegar parsimonioso, como quien no tiene prisa por llegar a su destino, sino justo cuando le corresponda. Comprendí que al viejo marinero no le preocupaba porque, a estas alturas de su vida, ya era la mar la dueña de su destino.

miércoles, 18 de julio de 2018

El pazo de los condes de San Román (Pontevedra)

Como ya me han preguntado varias personas sobre el lugar donde se emplazaba el pazo de los condes de San Román, aquí vamos a exponer con un pequeño croquis y unas fotos actuales, junto con unos dibujos de Federico Alcoverro (Museo de Pontevedra), el lugar donde se encontraba y lo que se conserva a día de hoy.
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1- La fachada principal daba a la plaza de Curros Enríquez, hoy no se conserva nada de ella.
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2- El patio interior lo podemos observar, en una pequeña parte, dentro del establecimiento 100 Montaditos. Se conservan las columnas y balaustrada del piso superior con las hornacinas que albergaban emperadores, reyes y filósofos.
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3- La fachada posterior daba a la plaza de Teucro y hoy la podemos contemplar muy modificada, solamente una parte de la zona asoportalada ya que el resto, junto con la torre almenada, desapareció.
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Este lugar fue donde se ubicó la sede del Liceo Casino, en junio de 1858, al trasladarse de su emplazamiento original en el pazo de Tavares (justo enfrente en la plaza de Teucro) porque se les quedaba pequeño.

sábado, 14 de julio de 2018

Cruceiros de la Zona Monumental de Pontevedra

Si hay un monumento fuertemente enraizado en nuestra tierra y en nuestra cultura, ese es el “cruceiro”, una de las manifestaciones más genuinas y ricas de la arquitectura popular gallega
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Desde los inicios del cristianismo se buscó una sacralización de los lugares de culto pagano o sospechosos de ello. Con ese objetivo se colocaron cruces sobre piedras con alguna simbología mágica, como sucedió con menhires, petroglifos o piedras significativas como miliarios romanos y sobre todo en los cruces de caminos “encrucilladas”. La cruz, la espina dorsal del cristianismo, elemento purificador y protector contra poderes extraños. De ahí su ubicación en las plazas de los pueblos, como salvaguarda de las gentes.

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De los cruceiros que podemos contemplar en nuestra Zona Monumental, la mayoría no fueron destinados para ese emplazamiento en su origen, a excepción del de la calle de la Galera. Así el de la plaza de la Leña proviene de Caldas de Reyes; el de las Cinco Calles, de Estribela; el de Santa. María (plaza de Fonseca), del Burgo; el del Campillo, del paseo de Santa. María (ant. Lampán dos Xudeos); el de la plaza del Parador, se desconoce pero se ubicó ahí a mediados del siglo XX y parece ser que la virgen no es original, pues hay diferencia con la talla del Cristo; y el de las Ruinas de Santo. Domingo, del atrio del antiguo templo de S. Bartolomé.

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domingo, 6 de mayo de 2018

La verdadera historia del infame pirata Benito Soto. Parte 5ª y última.


Soto mandó asesinar a las tripulaciones de las fragatas Morning-Star y Topaz y dar a estas barrenos para no dejar vestigios de sus crímenes, además incendiar la nave americana. Había testigos que así lo constataron durante el proceso judicial, donde reconocieron a Benito Soto como el capitán del barco pirata que les abordó en alta mar, les robó sus mercancías y pertenencias, violó a las mujeres y asesinó a parte de los hombres, después los abandonó a su suerte.
Benito Soto consiguió huir y se embarcó en Cádiz con destino a Gibraltar, donde fu
e detenido y después juzgado por los tribunales ingleses. El juicio no había dejado lugar a dudas, se le condenó por actos de piratería a ser ahorcado y descuartizado, y que su cabeza fuese colocada en una escarpia en un paraje a orillas del mar, para público y general escarmiento.

Se demostró que fue Soto quien encabezó la rebelión y sublevación del bergantín, fue él quien dio muerte alevosa a su émulo y competidor Miguel Ferreira apodado Mercurio. Ordenó el asalto del buque inglés Morning-Star, del estadounidense Topaz, de los ingleses Cessnock y Sumburg, del portugués Ermelinda y del también inglés New Prospect. Dio orden de robarles, maltratarles, vejarles y consentir que se cometieran con ellos las más aborrecibles e infames tropelías.


Todos los delitos que se cometieron desde el motín fueron ordenados o dirigidos por Soto y ejecutados por su propia mano alguno de los más atroces. Además de la muerte de Miguel Ferreira, asesinó fríamente de un pistoletazo a un marinero de los cuatro que acompañaron al bergantín al capitán de la fragata americana Topaz, y del mismo modo hirió después de muerte al mencionado capitán. Ordenó los asesinatos del capitán y marineros de la Mornig-Star, que lo acompañaron al bergantín; el de Francisco Caraballo y después, en la travesía de Pontevedra a La Coruña, los de sus compañeros de sedición: Juan el cocinero, el negro Joaquín y el marinero americano del Topaz quien según los piratas Soto lo mató de un tiro. Pasan de 75 las vidas que ordenó quitar, actos de inaudita crueldad pues no hubo combates ni disputas, las víctimas se encontraban indefensas y rendidas.

A las nueve de la mañana del 25 de enero de 1830, cinco días después de haber sido juzgado, el reo fue conducido al lugar donde se había determinado tuviera lugar la ejecución. Caminaba lentamente detrás del carro que portaba su féretro, con un crucifijo en la mano y asistido por un sacerdote español, acompañado de una pequeña guardia.

El antiguo jefe de piratas, con aire de insolente altanería y feroz mirada, parecía no tener culpa alguna de que arrepentirse. Llegó al lugar donde se alzaba el patíbulo y con toda serenidad se subió a la carreta. El verdugo tomó la soga con sus manos y la situó alrededor de su cuello, incluso como había quedado algo corta, el reo no había tenido ningún reparo en subirse a su propio ataúd, situado en el mismo carromato, para facilitar el trabajo de colocarle su mortífero dogal. Cuando se dio la orden, el verdugo atizó al caballo separándose violentamente la carreta, el cuerpo de Benito Soto pendió de la soga con un brusco estremecimiento que duró más de lo habitual, pues esta había cedido y sus pies rozaban el suelo, alargando por lo tanto su agonía, tuvo que ahondarse el suelo a sus pies para que estos quedasen definitivamente suspendidos. Tras ello todo acabó, su cuerpo colgado y su alma a la eternidad de los infiernos.

En todo el proceso del juicio contra Benito Soto y el resto de piratas, el cual plasmó en el libro “Los piratas del Defensor de Pedro. Extracto de las cau­sas y proceso formados contra los piratas del bergantín brasileño Defensor de Pedro”, escrito por el Capitán de Navío, Joaquín María Lazaga y Garay, en 1892, y de donde he extraído toda la información para estos artículos; en ningún momento se menciona que el barco “El Defensor de Pedro” se le cambiase el nombre por el de “La Burla Negra” ni que ondease bandera pirata alguna. Parece ser que fue la propia prensa inglesa de la época quien, en una confusión o ante el desconocimiento del verdadero nombre del barco, pasó a denominarle “Black Joke” (Broma Negra), como a otros navíos de esas características a lo largo de la historia.
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El escritor inglés Philip Gosse (1879-1959) escribió cuatro volúmenes sobre piratas, el último de ellos, “The History of Piracy” (Historia de la Pirate­ría), escrito en 1932, es un compendio de todo su saber sobre el tema, aunque cuando menciona a Benito Soto aporta datos incorrectos, afirmando que nació en La Coruña, y es él, o al menos así lo creo, el primero que menciona que al “De­fensor de Pedro” los propios piratas le cambiaron el nombre por el de Black Joke (Broma o Burla Negra), suponemos que recabando la información aparecida en su momento en la prensa británica.

Bastantes años antes, en 1859, el escritor Alejandro Benisia y Fernández de la Somera escribe otra novela: El Milano de los Mares, donde narra, de forma muy novelada, las aven­turas de estos despiadados piratas.

Y es en 1955, cuando José María Castro­viejo, quien tomando como base este lamentable suceso, escribe un libro, “La Burla Negra”, y en el capítulo XV, pág. 76, es donde se menciona que después de asaltar el primer barco, la fragata “Morning Star”: “Saint-Cyr de Barbazán propuso entonces que se cambiara el nombre del barco y se le llamara de allí en adelante La Burla Negra. La proposición fue aceptada.”

Por consiguiente, visto el relato de los acontecimientos y los testimonios de los testigos, debemos considerar que lo que en un principio se trató de una confusión o pura invención narrativa de la prensa inglesa, fue seguida posteriormente por escritores e investigadores al beber de esas fuentes que no se ajustaban a los hechos reales.

sábado, 5 de mayo de 2018

Plaza de la Herrería

Grabado de Osterberger sobre un dibujo de Jovita Riestra. 
La Nao del Corpus (enorme, sobre un carro de bueyes) en la visita de los Duques de Montpensier (1852). La fuente de la Herrería en su lugar primigenio con una figura que representa la Alegoría de la Fama en lo más alto, figura de piedra con la trompeta de cobre, añadida en 1789, (actualmente se encuentra en la fuente de la plaza del Muelle, sin trompeta). A la derecha la Capilla de la Peregrina todavía con una única torre completa (la de la izquierda la había derribado un rayo) y al fondo la iglesia de San Francisco, donde se observa todavía completo el edificio de la orden terciaria, la ventana cuadrada en lugar del actual rosetón y en el edificio de Hacienda todavía no se ha instalado la puerta de la Villa, procedente de la muralla y que continúa hoy en día. 
"Habladme Piedras".


lunes, 30 de abril de 2018

La verdadera historia del infame pirata Benito Soto. Parte 4ª


Descargados los objetos de mayor valor en Pontevedra, deciden dirigirse al puerto de La Coruña, como buque procedente de Brasil con cargamento de café, sedas y otros tejidos, con el piloto Rodríguez suplantando al capitán Sousa Sarmento y con destino a las islas de Cabo Verde.
En la travesía se suscita en el ánimo de los principales cabecillas temores por la desconfianza que tenían de algunos de a bordo, por lo que Soto decidió eliminar a aquellos individuos cuya presencia juzgaba arriesgada para su seguridad, y así se le dio muerte a Juan el cocinero, al negro Joaquín y al infeliz marinero americano del Topaz a quien perdonaron la vida en un principio. 
Resultado de imagen de mapa rias bajasEl 26 de abril, a los ocho días de navegación, entran en el puerto de La Coruña con aspecto de buque desmantelado y maltrecho por el temporal, llevando izada la bandera imperial del Brasil. Dan fondo de las diez a las once de la mañana, presentándose la falúa de sanidad, en ella un personaje que se dice consigna­tario del bergantín de nombre desconocido, procedente y natural de Pontevedra. Verificase la descarga, siendo admitida, depositada y custodiada en la Real Aduana de La Coruña.
Reparado el bergantín de la fingida avería y descalabro, y terminados todos sus negocios, trataba Benito Soto de verificar la salida cuando el domingo, día 4 de mayo, se presentó a bordo el consignatario manifestándole en sus palabras muestras evidentes de saber la procedencia sospechosa del buque, ya criminal a sus ojos, y lo mucho que importaba dar la vela al momento y abandonar el puerto.

Después de dar vela el bergantín con el aparente destino a Lisboa, anunció Soto que su verdadero objetivo era arribar en la plaza de Gibraltar, para dicho punto dijo llevaba letras de cambio, cuyo valor alcanzaba a veinticinco mil pesos fuertes y que allí daría a cada uno su parte de presa, con lo que además pudiera corresponderles por el producto de la venta del bergantín. A sus confidentes y allegados manifestó que con ese dinero volverían a La Coruña a recibir lo restante del cargamento que ya estaría consumado. Se cree que sus verdaderas intenciones era la de embarrancar en las costas de Berbería, abandonar allí a los portugueses y huir con sus principales cómplices, repartiéndose entre ellos todo el botín.

En la noche del 9 de mayo creen reconocer el faro de Tarifa y Soto ordena dirigir el bergantín hacia la playa donde embarrancaron en la hora de la pleamar. Pero en lugar de la costa solitaria, donde pensaban encontrarse, lo hicieron en la playa de Santa María, en la isla de León, a menos de tres millas de Cádiz. El jefe superior de la provincia marítima dicta providencia para lo prevenido en estos casos por las Ordenanzas de Matrículas. Pasa una comisión de su juzgado a la playa con este objeto, se procede al examen del buque náufrago y tripulantes, y tras su sospechosa apariencia, dan por buena la versión de los piratas y son reputados por inocentes y absueltos, y el buque dado por su origen legítimo y legal.
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Durante seis días los piratas camparon a sus anchas por las calles de Cádiz, a pesar de la voz pública que, desde los primeros momentos, señaló a aquel buque y su tripulación de procedencia sospechosa. Cuando las sospechas de que podrían ser unos malhechores tenían más fundamento, despertó el celo y anticipó las indagaciones del Juzgado de Guerra y Extranjería que promovió al instante los comprobantes de aquella sospecha y la prisión de los delincuentes.

Aunque esa tardanza facilitó la fuga de cuatro de los principales criminales, entre ellos el del capitán pirata Benito Soto, quien logró embarcarse en Cádiz, con destino a Gibraltar, el mismo día en que eran detenidos sus compañeros.

Del resto de los piratas juzgados y sentenciados por las autoridades españolas en Cádiz, resultaron las siguientes sentencias:

El 11 de enero de 1830 a las 11.00 h. de la mañana fueron ahorcados en Cádiz:
Francisco Goubin - Joaquín Francisco - Pedro Antonio - Domingo Antonio - Nuño Pereira - Federico Lerendú.

El 12 de enero de 1830 a las 10:00 h. de la mañana fueron ahorcados en Cádiz:
Antonio de Laida  - Víctor Saint-Cyr Barbazán - Nicolás Fernández - María Guillermo Teto.      
           
El resto, condenados a diversas penas de presidio:
Manuel Antonio Rodríguez (10 años) - Cayetano Ferreira (8 años) - Manuel José de Freytas (6 años) - José Antonio Silva (6 años) - Antonio Joaquín (6 años) - Joaquín Palabra (Absuelto).

Solamente uno de los piratas que habían huido, José de Santos hombre de confianza de Soto, no fue encontrado y que se sepa no se encontró jamás.
           

(Continuará…  nos quedan las conclusiones)