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jueves, 1 de septiembre de 2022

PONTEVEDRA. CUADERNO DE VIAJE

 Autores: José Benito García (textos). Alex Vázquez Palacios (ilustraciones)

Editorial: Alfil Difusión Cultural 

Año: 2020

Páginas: 93

P.V.P.: 22,00€

Disponibilidad: En stock

Pedidos: joseb.garcia27@gmail.com


   Será, quizá, porque todavía conservamos esa vena romántica de los viajeros de antaño, cuando cada viaje suponía una aventura y era como añadir vida a la vida. Donde algo tan simple como un cuaderno, una pluma y un pincel eran compañeros indispensables y la mejor manera de guardar en la memoria un viaje inolvidable. 

    En plena era digital, donde lo inmediato prima por encima de todo y la tecnología nos envuelve y domina, hemos querido retornar a la esencia de lo artesano y, con ello, al Carpe diem, a vivir el momento, a aprovechar el día; porque el tiempo que se disfruta es el verdadero tiempo vivido. 

    Esa es la esencia de esta obra: el relato de un recorrido ilustrado, una evocación a los viajes de antaño, donde el verdadero tiempo no lo medía el reloj sino el camino, la naturaleza, el arte, el paisaje, la ciudad y sus gentes.

HABLADME PIEDRAS. Pontevedra, historia y leyendas


 Autor: José Benito García

Editorial: Alfil Difusión Cultural
Año 1ª edición: 2013
Año 4ª edición: 2019
Paginas: 413
P.V.P.: 23,00€
Disponibilidad: En stock
Pedidos: joseb.garcia27@gmail.com    






    Esta obra nace con el objetivo de reunir en un solo volumen, historia, leyendas, anécdotas, personajes, monumentos, calles, plazas y todo lo que de interés encierra la Zona Monumental de Pontevedra. 
     Para su elaboración se han recopilado innumerables datos, teniendo en cuenta el inmenso trabajo realizado por grandes escritores, investigadores, historiadores, fotógrafos y dibujantes que ha tenido y tiene nuestra ciudad, así como foráneos, y que plasmaron en numerosos trabajos. 
    Hemos incluido también las anécdotas y leyendas que de forma verbal han pasado de una generación a otra. 
    Si bien por su configuración no debe considerarse como un libro de historia, sí debe quedar constancia del minucioso trabajo de investigación con metodología y rigor histórico seguido en su elaboración. 
    Este libro-guía se estructura en cinco recorridos que abarcan casi por completo toda la Zona Monumental, con la intención de facilitar al lector la opción de efectuar el recorrido a pie mientras realiza la lectura

NEGRA Y MISTERIOSA. La Pontevedra oculta

Autor: José Benito García

Editorial: Alfil Difusión Cultural

Año: 2018

Páginas: 189

P.V.P.: 20,00€

Disponibilidad: Agotado


    La historia de una ciudad es también la historia de sus crímenes y de sus misterios. 

    En esta obra el autor nos muestra los crímenes que mayor impacto causaron en la ciudad y los múltiples misterios que la rodean: personajes, historia, monumentos... 

DONDE LA SALMUERA. La Moureira y sus gentes


Autor: José Benito García

Editorial: Alfil Difusión Cultural

Año: 2017

Páginas: 411

P.V.P.: 24,00€

Disponibilidad: En stock

Pedidos: joseb.garcia27@gmail.com



    La Moureira, para muchos pontevedreses, apenas es un viejo topónimo de una época pasada que está apunto de olvidarse de la memoria colectiva. Hoy, este viejo barrio marinero pontevedrés, verdadero impulsor económico de la Pontevedra de los siglos XV y XVI, languidece entre la desidia de unos y el olvido de otros.  

    Esta obra  lo que pretende es plasmar en sus páginas, y así lo ha recogido el autor, los recuerdos que todavía nos pudieron aportar sus mayores, esos recuerdos, esos momentos que, por desgracia y como diría Roy Batty: "se perderán como lágrimas en la lluvia".

TEMPLARIOS Y MAREANTES EN LA GESTA DE COLÓN


Autor:
 José Benito García

Novela histórica

Editorial: Nabetes
Año: 2008
Páginas: 329
P.V.P.: 19,90€
Disponibilidad: Agotado

    

    El autor nos sitúa en la convulsa Pontevedra de finales del siglo XV, cuando era la villa más populosa y pujante de toda Galicia.
    Nos relata la historia como una novela y se narra la novela dentro de la historia. 
    Un enigma templario por descubrir, un acontecimiento histórico que resaltar. 
    La época más esplendorosa de la villa con sus personajes más relevantes: Tristán de Montenegro, el héroe local; Pedro Madruga, su acérrimo enemigo; y como trasfondo, el misterio de la identidad de Colón.


Capítulo I  
Año del Señor de 1341

    El tañido de las campanas anunciaba la llegada de un nuevo día, continuaba lloviendo, al igual que lo había estado haciendo durante toda la noche, y un viento gélido recorría la villa; nada hacía presagiar que esto podía cambiar a lo largo de la mañana. Era un día más del largo invierno tan característico en esta parte del reino.
    Las calles aun desiertas irían poco a poco canalizando a sus gentes en sus quehaceres diarios y en el exterior del recinto amurallado, en el convento de Santo Domingo, un trasiego de frailes de aquí para allá y de susurros de unos a otros no hacía aventurar nada bueno. Uno de los hermanos llevaba días enfermo y su situación se había vuelto muy delicada, todo parecía indicar que su fin había llegado.

    —¿Cuándo sucedió? —preguntó el padre prior a los dos frailes que allí se encontraban, observando el cuerpo ya sin vida del anciano dominico tendido en el catre.
    —Durante la noche mientras dormía. Cuando he venido a despertarlo ya me lo encontré así. ¡El Señor lo acoja en su seno! —respondió uno de los hermanos.
    —Que así sea —contestó a su vez el prior—. Bien, pues dispóngase todo para su cristiana sepultura y óbrese según mandan los cánones.

    Tal como había ordenado el prior, una vez se dio sepultura al hermano fallecido en el campo santo del convento, fue informado de los pocos bienes que poseía. Dado que el interfecto practicaba con denuedo el voto de pobreza, aparte de sus hábitos, una pequeña bolsa de cuero eran todas sus pertenencias.
    El prior, sorprendido por este hallazgo, procedió a comprobar su contenido y ante su sorpresa observó un pequeño trozo de pergamino que al desenrollarlo reveló el siguiente escrito:
    "En el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén. Los hechos que no pasan al escrito fácilmente se borran de la memoria. Saliendo del burgo por la puerta que dicen de So a Esqueira, caminamos sesenta y ocho pasos al frente..."

martes, 28 de septiembre de 2021

Las gárgolas de Santa María

 Si observamos con detalle todos los templos religiosos de nuestra ciudad, comprobaremos que tan solo en uno podemos contemplar una representación de las gárgolas con ese aspecto que las define como seres monstruosos y grotescos, entes celosos del templo que protegen y de los fieles que vigilan. Es en la basílica de Santa María La Mayor donde tenemos esa representación.

La palabra Gárgola proviene del francés gargouille, originalmente garganta. A su vez, este deriva del latín gurgulio o gargula, y, más atrás, de la raíz indoeruropea Gar, "tragar".

Si bien desde la antigüedad ya se contemplaba la existencia de elementos similares a las gárgolas, como los grifos o las quimeras, podemos asegurar que fue en la Edad Media, con la aparición del gótico, cuando las gárgolas ganaron en detalle y fueron profusamente usadas para decorar iglesias y catedrales, adquiriendo, además, un curioso rasgo distintivo: las figuras eran intencionadamente grotescas.

En arquitectura, las gárgolas son la parte final del canalón por donde se vierte agua de los tejados. Aunque cumplen funciones decorativas y simbólicas, su principal uso es como desagüe y sumidero para desviar el agua de la lluvia y evitar que cayera por las paredes erosionando la piedra de los edificios.

Las primeras gárgolas aparecen en la época del gótico, concretamente durante el siglo XIII, cuando se transforman en el sistema predilecto de drenaje. Parece que los primeros ejemplos góticos de gárgolas son las que se pueden observar en la Catedral de Lyon, seguidas de las que pueblan Notre-Dame de París.

Cuando a inicios del S. XII comienzan a producirse ciertos cambios en el pensar y en el comportamiento de los europeos en general, con una clara tendencia hacia el liberalismo, la Iglesia decide construir templos de gran altura, con un nuevo estilo arquitectónico, el gótico, templos con torres muy altas y con grandes vidrieras en su interior, para que lo iluminen intensamente. Este juego de iluminación debía reflejar la presencia divina dentro del templo, mientras que la gran altura dada a la construcción debía dejar la sensación en la población de la grandeza de Dios. Además, estos santuarios podían ser vistos desde cualquier parte del pueblo o comunidad.

Son muchas las explicaciones que se han planteado a lo largo de los siglos para revelar el significado oculto de las gárgolas. Parece que su función simbólica era la de guardar el templo frente al mal, símbolos mágicos que mantienen alejado al diablo y atemorizan a los pecadores. La Iglesia mantenía la creencia de que los fieles se comportaban de una manera en el templo, pero cuando lo abandonaban su comportamiento era pecaminoso. Concibieron las gárgolas como seres monstruosos y se los mostraron a los fieles como vigilantes que desde las alturas podían observar a todos los miembros de la comunidad, amedrentarlos y recordarles constantemente el destino trágico de su alma, lo que les esperaba si se desviaban del buen camino, le recordaban la necesidad de seguir los preceptos religiosos y así librarse del infierno.






lunes, 11 de enero de 2021

Benito Soto. Solo un pirata

 


Para nuestra desgracia y estigma Benito Soto nació en Pontevedra, en el Arrabal de la Moureira, el 22 de marzo de 1805, así consta en los archivos parroquiales de la iglesia de Santa María. Fue matriculado como marinero el 18 de noviembre de 1823, contando 18 años, y su vida no tuvo mayor relevancia hasta los hechos que a continuación se narran. Esta es su verdadera historia.

En su hoja de embarque se le describe con pelo y cejas castaño, hoyoso de viruelas y ojos negros, y la descripción que dan sus secuaces al ser apresados es de un hombre alto, color trigueño, picado de viruelas, cerrado de barba, con patillas negras, grueso, ojos y cejas negros, nariz y boca regulares, pelo negro, con un dedo, que es el pequeño de la mano derecha encogido y en la rodilla izquierda una cicatriz.

Todo comenzó el 22 de noviembre de 1827, cuando partió del puerto de Río de Janeiro el ber­gantín brasileño Defensor de Pedro, al mando del Capi­tán de Fragata de la marina imperial del Brasil don Pedro Mariz de Sousa Sarmento, armado en corso y mercancía, con 40 hombres de tripulación y destinado a la compra de negros en la costa africana para el comercio de esclavos.

Benito Soto embarcó en el bergantín con la plaza de segundo contramaestre, y según resultó en la causa, ya se había ejercitado antes de esta época en la vida pirática, a la que intentaba arrastrar a los demás. Este hombre unía a una clara inteligencia, un carácter indomable y los más feroces instintos criminales, puestos de manifiesto más de una vez con los duros castigos que aplicaba a los marineros de a bordo.

El 3 de enero de 1828 dan vista a las costas africanas y fondean en el surgidero de Ohue, punto elegido para entablar las relaciones con los reyezuelos del país. En la noche del 26 de enero de 1828, aprove­chando que el capitán se encontraba en tierra con par­te de la tripulación, se produce la rebelión fruto de la cual Benito Soto y Miguel Ferreira, apodado Mercurio, natural de Ferrol, junto con sus secuaces se hacen con el gobier­no del barco, poniendo rumbo a la isla de la Ascensión.

Antes de descubrir esa isla y a los pocos días de navegación se comete a bordo un asesinato alevoso. Mal avenido Soto con el carácter y pretensiones de Miguel Ferreyra, cuyas miras ambiciosas estorban los planes que había concebido, decide deshacerse de él. En el silencio de la noche se dirige, con Antonio el vizcaíno, al lugar donde Ferreyra descansaba y disparándole, cada uno un tiro de pistola, se deshace sin riesgo de aquel temible enemigo, quedando Soto como único jefe del buque y de los piratas.

A los veintitrés días de su partida del surgidero de Ohue, llegan a la isla de la Ascensión, al día siguiente por la mañana, esto es el 19 de febrero de 1828, dan caza a la fragata inglesa Morning-Star. Cuando se encontraban a seis leguas de tierra, observaron como a dos de distancia un bergantín armado les daba caza. Pronto conocieron los de la fragata la clase de enemigo que se les echaba encima, estos, hallándose sin armas, útiles, ni medios de defensa, pusieron todo su empeño en encomendar a la fuga su salvación. Con un pasaje compuesto, además de los trece hombres que componían su tripulación, por el Mayor Logie del Regimiento de Línea Nº 97, con su esposa y un niño pequeño, diecisiete inválidos de diferentes regimientos de la isla Ceilán, cuatro mujeres con nueve niños que junto con otros empleados y pasajeros compo­nían un total de cincuenta y una personas, todos bajo el mando del Capitán Thomas Gibbs.

Haciendo caso omiso de los disparos de advertencia que realizó el ber­gantín, continuaron su fuga, pero la embarcación pirata era de un navegar pro­digioso y en el transcurso de una hora se hallaba ya a su costado. Los piratas, después de haber disparado varios cañonazos, izaron la bandera de la Repúbli­ca Argentina, confeccionada por uno de ellos de forma rudimentaria, ya que había muchos corsarios de esa nación que hostigaban al comercio brasileño, pensando así que de esa manera sus fechorías se le atribuirían a estos, mer­ced al engañoso pabellón que enarbolaron para cometer sus crímenes.

Acosada la fragata, se ve obligada a arriar velas, perdida ya toda esperanza de salvación. Preparados los piratas para el abordaje, armados todos con pistolas, sables y puñales, abordan la fragata entrando en ella con furia, dando gritos, golpeando e hiriendo a cuantos se hallan en su paso, cortando cabos e inuti­lizando todo lo que encuentran. Encierran a los pasajeros y tripulantes bajo la escotilla y se dedican al pillaje y eso no era más que el prólogo de las escenas de horror que siguieron.

Aquellos crueles y sanguinarios piratas no atendieron a las súplicas y plegarias que las mujeres con sus hijos en brazos les hacían; lejos de eso, mientras unos registraban el buque y se apoderaban de todo cuanto encontraban de valor, traspasándolo al barco pirata, otros como José de Santos, Nicolás Fernández, Domingo Antonio y Saint-Cyr Barbazán las humillaban y violaban vilmente, este último forzó a la mujer del mayor Logie, mientras esta le suplicaba por la vida de su esposo, e incluso le cortó un mechón de su cabello que guardó en una cajita de marfil y mostraba al resto de los piratas alardeando de tan repugnante hazaña.

El saqueo del barco duró desde las nueve de la mañana hasta las siete de la tarde, finalizado el mismo comieron y bebieron en una orgía de excesos. Benito Soto se había propuesto el total exterminio de cuantas personas hallasen en los buques saqueados, creyendo por tal medio borrar el rastro de sus enormes delitos; así ordenó que no se dejase a nadie vivo en el barco y envió a Francisco Goubín para que le diese algunos barrenos y se fuese a pique. A las diez de la noche dan por concluido el abordaje, los piratas regresan a su barco y Soto da orden para que se de muerte al capitán y los marineros detenidos en la bodega del bergantín, así como a otros tres marineros que les ayudaron en el transbordo de las mercancías; ante las súplicas de estos se les mató, de un disparo a unos, degolló a otros y apuñaló a los restantes, y aunque alguno herido consiguió tirarse al mar, lo que le esperaba era una muerte segura.

Pero la cólera de Benito Soto llegó al extremo cuando supo, por José de Santos, que no se había dado muerte a todos los integrantes de la fragata, por la compasión que tuvo de las mujeres y de los niños; y su encono fue tal, que, a pesar de que ya habían pasado dos días desde su encuentro, hizo virar la embarcación para darle caza y echarla a pique si la encontraba, lo que afortunadamente no ocurrió. Volvieron, pues, a la isla de la Ascensión; pero al mismo tiempo avistaron, muy próxima a tierra, una fragata de guerra como de 40 cañones que se mantenía en facha. Era un enemigo demasiado poderoso, por lo tanto viraron y huyeron precipitadamente.

La Morning-Star navegó a la deriva, y a eso de la una de la madrugada las mujeres, al no escuchar a los piratas, se atreven a franquear la puerta de la cámara y suben a cubierta, observan y no ven al buque pirata, oyen las voces de los encerrados, y aproximándose a la boca de la escotilla, y con grandes esfuerzos, retiran los obstáculos que impedían su apertura, liberando a los hombres. En las horas siguientes reparan, en la medida de lo posible, los grandes daños que los piratas le ocasionaron al buque, y así de esta forma continúan navegando hasta el 13 de marzo, en que tuvieron la suerte de cruzarse con otro buque de su misma nacionalidad y fueron socorridos, felizmente terminaron su viaje dando fondo en el Támesis el 19 de abril. 

A los dos o tres días del saqueo de la Morning-Star y navegando en vuelta de la isla de la Ascensión descubrieron sus vigías, como a media tarde, una vela en el horizonte. Esta era la fragata de los Estados Unidos llamada Topaz, que procedía de Calcuta con un rico cargamento. Se dirigen a ella con bandera francesa, que afirman con un cañonazo. Los de la fragata, sospechando la especie de buque que los demandaba, intentan con todo esfuerzo la fuga; pero el superior navegar del pirata les desvanece pronto esta débil esperanza. Como a las cinco de la tarde se hallaba a su costado, y una descarga general a bala y a metralla que hicieron, enarbolando al mismo tiempo el pabellón argentino, les causó un daño considerable en su velamen y jarcia, acabando de convencerles de su triste situación. Benito Soto les grita con la bocina para que se presente a bordo del bergantín el capitán con los papeles, lo que sucede poco tiempo después, acompañado de cuatro marineros. Son recibidos con golpes y arrojados a la bodega. Mientras tanto los mismos individuos que abordaron la Morning-Star, se trasladaron armados al Topaz. Entran con igual furia y desenfreno, acosan y maltratan a los inermes marineros y pasajeros y los encierran a sablazos en la bodega. El resto recorre el buque; escudriñan, rompen y destruyen sin miramiento y amontonan sobre cubierta los objetos que excitaban su codicia.

En tanto que esto pasa en la fragata, Benito Soto hace llamar al capitán y le pregunta sobre el cargamento que conducía, le manda escribir en un papel la orden por la cual el contramaestre de su buque procediese a su formal entrega. Mientras el capitán se entrega a tan violenta disposición, uno de los marineros que lo acompañaban recibe un disparo de Benito Soto sin ningún motivo aparente, salvo que lo hubiese mirado mal, y tiende sin vida al desgraciado marinero. Sobrecogido el capitán por ese acto salvaje e inhumano, suspende la escritura, pero Soto amartilla su pistola y apuntándole grita furioso que concluya de escribir la orden. El papel es conducido a la fragata y la noche se emplea en el trasbordo de su rico cargamento: sedas de la India, cajas de añil, muchas alhajas, relojes de todas clases y entre ellos un cronómetro, gran cantidad de piedras preciosas de todo tipo y colores, ropas de pasajeros y todo de cuanto valor hallaron fue conducido al bergantín. Pero como lo que más deseaban era dinero y no lo hallaron, suponiendo que lo habían ocultado en algún lugar, José de Santos hace salir al piloto de la bodega, le requiere y le amenaza para que lo descubra y como dice desconocer su existencia recibe un tiro del irritado pirata que le causa la muerte. Hace subir uno a uno a todos los encerrados y les requiere del mismo modo delante del cadáver, al no averiguar nada los hace encerrar de nuevo.

Pasaba ya de la media noche cuando Soto dio por concluido el asalto; manda subir al capitán del Topaz y haciéndole entender que se puede embarcar en el bote ordena a Freytas que le dispare, pero este falla el tiro y es el propio Soto el que dispara al capitán quien cae anegado en su propia sangre, gravemente herido se arrastra hasta la borda y se arroja al mar intentando ganar a nado la fragata, pero Soto grita a José de Santos para que remate al capitán y así lo hace de un disparo cuando este pugnaba por asirse al costado del buque, hace subir al resto de los marineros y estos conociendo ya su desventurada suerte, aprovechando un momento de tensión entre los piratas, optan por tirarse al mar, donde encontraron una más que segura muerte. 

Una vez transbordado todo el cargamento, Soto grita a Santos con la bocina que si ya ha concluido ya sabía lo que tenía que hacer, que se cumplieran sus órdenes. Esta era la señal para dar muerte a toda la tripulación, los desventurados marineros y pasajeros son sacados de la cámara, donde estaban encerrados, conducidos a proa, y a sangre fría, sin combate ni resistencia, como un rebaño de indefensos corderos, son asesinados vil y cobardemente a tiros, siendo los feroces monstruos de esta ejecución: José de Santos, Nicolás Fernández, María Guillermo Teto y el portugués Domingo Antonio. Perecieron en esta matanza de 20 a 24 personas según el testimonio de los mismos piratas. En ese estado Soto ordena a Francisco Goubin que se pase a la fragata para darle algunos barrenos, pero como al parecer un negro de la tripulación había conseguido esconderse y podía tapar los barrenos y salvar el buque, decide que se le prenda fuego, cosa que hacen, abandonando la fragata con los restos inertes de su tripulación; el espectáculo era espantoso, a los pocos minutos desarboló sus palos en medio de fuertes balanceos y fue consumida por la voracidad de las llamas. Sólo un marinero obtuvo gracia de Soto, a ruego de algunos por haberlos ayudado en el trasbordo de mercancías y por hablar alguna palabra en castellano, pero esta gracia no le fue de mucha duración y sólo consiguió, el desventurado, dilatar por algún tiempo su muerte. Mientras ardía el Topaz se presentó a su vista un buque de procedencia americana que al contemplar la escena se dio a la fuga no pudiendo ser alcanzado por los piratas aunque pusieron su empeño en perseguirlo.

Los asesinatos ordenados por Benito Soto no eran un efecto del resentimiento producido por la resistencia de las víctimas, ni la consecuencia de un combate aventurado; eran calculados y deliberados, a sangre fría, y con la dureza e insensibilidad propias de un hombre a quien el crimen le era habitual. 

Después del incendio del Topaz, pensó Benito que con el rico botín reunido del asalto de sus dos presas, tenían bastante para vivir licenciosamente durante largo tiempo y gozar del fruto de sus rapiñas, convocó sobre cubierta a todos sus secuaces y les dijo que su idea era dirigirse a la ría de Pontevedra, en cuyo puerto, con la ayuda de un tío suyo, sería fácil hacer el desembarco del botín bajo el aspecto de contrabando. Fue aprobado y aplaudido el proyecto, así que ordenó al piloto que pusiese rumbo a las costas españolas. Benito agregó que aquello era sin perjuicio de saquear a los buques que encontrasen en el camino y aumentar su botín.

El bergantín dirigió su rumbo a las islas Azores, en cuya derrota se mantuvieron sin grandes novedades, salvo el peligro de naufragio por acercarse demasiado a las grandes piedras que forman el bajo de San Pablo y al conato de sedición que se produjo, a consecuencia de lo cual fue pasado por las armas Francisco Caraballo. 

A los pocos días de este suceso avistaron un bergantín inglés, el Cessnock, en las cercanías de las islas de Cabo Verde, que venía cargado de ladrillos, tejas y pipas vacías, fue abordado con la misma violencia que los anteriores y por esta vez se contentaron con maltratar a golpes al capitán y tripulación, despojándole de las ropas, reloj y cantidad de víveres y otros efectos. 

Hallándose a la altura de las islas Canarias y como a los 8 o 10 días del anterior encuentro, avistaron otro buque inglés, el brick-barca Sumburg, que se dirigía a la isla de Santo Tomás, al que por los mismos reprobados medios, robaron, entre otros efectos, relojes, ropas, dineros, víveres y cuatro medias pipas de vino. 

Finalmente descubren y reconocen las islas Azores, que les sirvieron de abalizamiento en su larga derrota, y desde el archipiélago dirigen el rumbo hacia las costas de la Península Ibérica. A lo largo de la navegación se cambió varias veces la pintura del barco para evitar que fuese reconocido después de los asaltos, en unas ocasiones se pintó de negro, en otras de encarnado y en otras de amarillo. Aunque alguna versión de los piratas dice que únicamente se le pintó una faja blanca, para desfigurar su imagen, que se quitó antes de llegar a Pontevedra, dejando el bergantín como cuando salió de Río de Janeiro que era pintado de negro. 

A los pocos días, y siendo el 2 de abril, se presentó a su vista el Ermelinda, procedente de Río de Janeiro y que se dirigía a Oporto. Los piratas no quisieron dejar escapar esta nueva presa que suponían de importancia, pues la conocían al haberla visto fondeada en el puerto de Río de Janeiro. Se dirigen a ella a toda fuerza de vela, y al darle alcance enarbolaron la bandera francesa, que afirman con un disparo de cañón, sustituyendo instantes después este pabellón por el de Buenos Aires, el cual afianzó con otro cañonazo.

Desde este momento ya no les quedó duda a los indefensos tripulantes de la Ermelinda de la clase de buque y hombres con que se habían topado, se resignan a su triste suerte y se prestan a la más sumisa obediencia. Se trasladan en un bote el piloto y cuatro marineros al bergantín pirata, y son recibidos con los preliminares de costumbre, vejaciones, golpes, insultos y demás violentos preámbulos que aumentaron con mayores escarnios y malos tratos cuando comparecieron ante Soto, quien mandó encerrarlos en la bodega después de interrogarlos. Pasan al abordaje siete piratas y asaltan la fragata dando sablazos a diestro y siniestro, sin consideración de ningún tipo con los pobres tripulantes y pasajeros que fueron encerrados en la cámara y en el rancho de proa de la marinería, de donde los hicieron salir de uno en uno para inquirir de ellos el dinero, alhajas, y otros efectos de valor que pudiesen traer a bordo, después de lo cual fueron todos nuevamente encerrados.

Amontonan en cubierta lo despojado y lo trasladan al bergantín, causando al mismo tiempo daños y roturas de todo  lo que no les era de utilidad, destruyendo agujas náuticas, cartas hidrográficas, pipas de aguada, jarcia, vergas y cuantos utensilios hallaron sobre cubierta. Transportados todos los efectos al bergantín, permiten regresar al piloto y a los marineros a la fragata, y si se contuvieron de cometer iguales excesos que en las anteriores ocasiones, fue porque al estar tan próximos a las costas españolas les era más conveniente que los tomasen por corsarios y no por piratas.

Pasados dos o tres días de este encuentro y navegando ya en dirección de la costa de Galicia les sobrevino un durísimo temporal del S. O. en el que rindieron el mastelero de velacho, perdiendo además la gavia y el botalón de foque. Más de esta pérdida hallaron ocasión de resarcirse fácilmente con el saqueo del bergantín inglés New Prospect, ya sobre las costas españolas, al que despojaron, después de los ultrajes y golpes acostumbrados, de todas sus velas principales, el mastelero de velacho, dos juanetes, la caja de carpintero, ropas y otros pertrechos. Este fue el último buque saqueado por los piratas del Defensor de Pedro.

Avistan por último tierra, y reconocida la costa y ría de Pontevedra, dan  fondo en el sitio denominado Caballo de Bueu, siendo esto el día 10 de abril, llevando izada la bandera inglesa. Cuando se le aproxima un bote del resguardo a preguntar sobre el nombre, procedencia y cargamento del bergantín, Soto contesta en tono arrogante y zumbón, que se llama El Buen Jesús y las Ánimas, y venían del Norte de América con carga de habichuelas, frutos del país, pólvora y balas.

Entran en contacto con José Aboal, tío de Benito Soto, de profesión hombre de mar, siendo el encargado, junto con otros de los suyos, de intentar vender las mercancías. Se procede a descargar las de mayor valor en menor volumen, esto es: alhajas de oro y plata, piedras preciosas y otros objetos de gran precio, para cuya entrega vino a bordo de noche el referido tío de Soto con otro individuo cuyo nombre se desconoce, para trasladar sus tesoros desde el barco a tierra y buscar un escondite seguro, para ello se embarcaron en un bote el propio Benito Soto y cuatro de sus hombres, cargaron dos baúles y algunos fardos, con algunos loros y pájaros de Brasil y África,  y fueron llevados a casa de José Aboal. Grande debía ser su valor, pues varias personas de a bordo oyeron a Soto decir que con lo llevado a tierra había lo suficiente para que él y sus secuaces pasasen el resto de sus días con toda holgura.

Descargados los objetos de mayor valor en Pontevedra, deciden dirigirse al puerto de La Coruña, como buque procedente de Brasil con cargamento de café, sedas y otros tejidos, con el piloto Rodríguez suplantando al capitán Sousa Sarmento y con destino a las islas de Cabo Verde.

En la travesía se suscita en el ánimo de los principales cabecillas temores por la desconfianza que tenían de algunos de a bordo, por lo que Soto decidió eliminar a aquellos individuos cuya presencia juzgaba arriesgada para su seguridad, y así se le dio muerte a Juan el cocinero, al negro Joaquín y al infeliz marinero americano del Topaz a quien perdonaron la vida en un principio. 

El 26 de abril, a los ocho días de navegación, entran en el puerto de La Coruña con aspecto de buque desmantelado y maltrecho por el temporal, llevando izada la bandera imperial del Brasil. Dan fondo de las diez a las once de la mañana, presentándose la falúa de sanidad, en ella un personaje que se dice consigna­tario del bergantín de nombre D. Francisco Javier B., procedente y natural de Pontevedra. Verificase la descarga, siendo admitida, depositada y custodiada en la Real Aduana de La Coruña.

Reparado el bergantín de la fingida avería y descalabro, y terminados todos sus negocios, trataba Benito Soto de verificar la salida cuando el domingo, día 4 de mayo, se presentó a bordo el consignatario manifestándole en sus palabras muestras evidentes de saber la procedencia sospechosa del buque, ya criminal a sus ojos, y lo mucho que importaba dar la vela al momento y abandonar el puerto. 

Después de dar vela el bergantín con el aparente destino a Lisboa, anunció Soto que su verdadero objetivo era arribar en la plaza de Gibraltar, para dicho punto dijo llevaba letras de cambio, cuyo valor alcanzaba a veinticinco mil pesos fuertes y que allí daría a cada uno su parte de presa, con lo que además pudiera corresponderles por el producto de la venta del bergantín. A sus confidentes y allegados manifestó que con ese dinero volverían a La Coruña a recibir lo restante del cargamento que ya estaría consumado. Se cree que sus verdaderas intenciones era la de embarrancar en las costas de Berbería, abandonar allí a los portugueses y huir con sus principales cómplices, repartiéndose entre ellos todo el botín. 

En la noche del 9 de mayo creen reconocer el faro de Tarifa y Soto ordena dirigir el bergantín hacia la playa donde embarrancaron en la hora de la pleamar. Pero en lugar de la costa solitaria, donde pensaban encontrarse, lo hicieron en la playa de Santa María, en la isla de León, a menos de tres millas de Cádiz. El jefe superior de la provincia marítima dicta providencia para lo prevenido en estos casos por las Ordenanzas de Matrículas. Pasa una comisión de su juzgado a la playa con este objeto, se procede al examen del buque náufrago y tripulantes, y tras su sospechosa apariencia, dan por buena la versión de los piratas y son reputados por inocentes y absueltos, y el buque dado por su origen legítimo y legal. 

Durante seis días los piratas camparon a sus anchas por las calles de Cádiz, a pesar de la voz pública que, desde los primeros momentos, señaló a aquel buque y su tripulación de procedencia sospechosa. Cuando las sospechas de que podrían ser unos malhechores tenían más fundamento, despertó el celo y anticipó las indagaciones del Juzgado de Guerra y Extranjería que promovió al instante los comprobantes de aquella sospecha y la prisión de los delincuentes.

Aunque esa tardanza facilitó la fuga de cuatro de los principales criminales, entre ellos el del capitán pirata Benito Soto, quien logró embarcarse en Cádiz, con destino a Gibraltar, el mismo día en que eran detenidos sus compañeros.

Del resto de los piratas juzgados y sentenciados por las autoridades españolas en Cádiz, resultaron las siguientes sentencias:

El 11 de enero de 1830 a las 11.00 h. de la mañana fueron ahorcados en Cádiz:

Francisco Goubin - Joaquín Francisco - Pedro Antonio - Domingo Antonio - Nuño Pereira - Federico Lerendú.

El 12 de enero de 1830 a las 10:00 h. de la mañana fueron ahorcados en Cádiz:

Antonio de Laida  - Víctor Saint-Cyr Barbazán - Nicolás Fernández - María Guillermo Teto.      

El resto, condenados a diversas penas de presidio:

Manuel Antonio Rodríguez (10 años) - Cayetano Ferreira (8 años) - Manuel José de Freytas (6 años) - José Antonio Silva (6 años) - Antonio Joaquín (6 años) - Joaquín Palabra (Absuelto).

Solamente uno de los piratas que habían huido, José de Santos hombre de confianza de Soto, no fue encontrado y que se sepa no se encontró jamás.

Soto mandó asesinar a las tripulaciones de las fragatas Morning-Star y Topaz y dar a estas barrenos para no dejar vestigios de sus crímenes, además incendiar la nave americana. Había testigos que así lo constataron durante el proceso judicial, donde reconocieron a Benito Soto como el capitán del barco pirata que les abordó en alta mar, les robó sus mercancías y pertenencias, violó a las mujeres y asesinó a parte de los hombres, después los abandonó a su suerte.

Benito Soto consiguió huir y se embarcó en Cádiz con destino a Gibraltar, donde fue detenido y después juzgado por los tribunales ingleses. El juicio no había dejado lugar a dudas, se le condenó por actos de piratería a ser ahorcado y descuartizado, y que su cabeza fuese colocada en una escarpia en un paraje a orillas del mar, para público y general escarmiento.

Se demostró que fue Soto quien encabezó la rebelión y sublevación del bergantín, fue él quien dio muerte alevosa a su émulo y competidor Miguel Ferreira apodado Mercurio. Ordenó el asalto del buque inglés Morning-Star, del estadounidense Topaz, de los ingleses Cessnock y Sumburg, del portugués Ermelinda y del también inglés New Prospect. Dio orden de robarles, maltratarles, vejarles y consentir que se cometieran con ellos las más aborrecibles e infames tropelías.

Todos los delitos que se cometieron desde el motín fueron ordenados o dirigidos por Soto y ejecutados por su propia mano alguno de los más atroces. Además de la muerte de Miguel Ferreira, asesinó fríamente de un pistoletazo a un marinero de los cuatro que acompañaron al bergantín al capitán de la fragata americana Topaz, y del mismo modo hirió después de muerte al mencionado capitán. Ordenó los asesinatos del capitán y marineros de la Mornig-Star, que lo acompañaron al bergantín; el de Francisco Caraballo y después, en la travesía de Pontevedra a La Coruña, los de sus compañeros de sedición: Juan el cocinero, el negro Joaquín y el marinero americano del Topaz quien según los piratas Soto lo mató de un tiro. Pasan de 75 las vidas que ordenó quitar, actos de inaudita crueldad pues no hubo combates ni disputas, las víctimas se encontraban indefensas y rendidas.

A las nueve de la mañana del 25 de enero de 1830, cinco días después de haber sido juzgado, el reo fue conducido al lugar donde se había determinado tuviera lugar la ejecución. Caminaba lentamente detrás del carro que portaba su féretro, con un crucifijo en la mano y asistido por un sacerdote español, acompañado de una pequeña guardia.

El antiguo jefe de piratas, con aire de insolente altanería y feroz mirada, parecía no tener culpa alguna de que arrepentirse. Llegó al lugar donde se alzaba el patíbulo y con toda serenidad se subió a la carreta. El verdugo tomó la soga con sus manos y la situó alrededor de su cuello, incluso como había quedado algo corta, el reo no había tenido ningún reparo en subirse a su propio ataúd, situado en el mismo carromato, para facilitar el trabajo de colocarle su mortífero dogal. Cuando se dio la orden, el verdugo atizó al caballo separándose violentamente la carreta, el cuerpo de Benito Soto pendió de la soga con un brusco estremecimiento que duró más de lo habitual, pues esta había cedido y sus pies rozaban el suelo, alargando por lo tanto su agonía, tuvo que ahondarse el suelo a sus pies para que estos quedasen definitivamente suspendidos. Tras ello todo acabó, su cuerpo colgado y su alma a la eternidad de los infiernos. 

En todo el proceso del juicio contra Benito Soto y el resto de piratas, el cual plasmó en el libro “Los piratas del Defensor de Pedro. Extracto de las cau­sas y proceso formados contra los piratas del bergantín brasileño Defensor de Pedro”, escrito por el Capitán de Navío, Joaquín María Lazaga y Garay, en 1892, y de donde he extraído toda la información para este artículo; en ningún momento se menciona que el barco “El Defensor de Pedro” se le cambiase el nombre por el de “La Burla Negra” ni que ondease bandera pirata alguna. Parece ser que fue la propia prensa inglesa de la época quien, en una confusión o ante el desconocimiento del verdadero nombre del barco, pasó a denominarle “Black Joke” (Broma Negra), como a otros navíos de esas características a lo largo de la historia.

El escritor inglés Philip Gosse (1879-1959) escribió cuatro volúmenes sobre piratas, el último de ellos, “The History of Piracy” (Historia de la Pirate­ría), escrito en 1932, es un compendio de todo su saber sobre el tema, aunque cuando menciona a Benito Soto aporta datos incorrectos, afirmando que nació en La Coruña, y es él, o al menos así lo creo, el primero que menciona que al “De­fensor de Pedro” los propios piratas le cambiaron el nombre por el de Black Joke (Broma o Burla Negra), suponemos que recabando la información aparecida en su momento en la prensa británica.

Bastantes años antes, en 1859, el escritor Alejandro Benisia y Fernández de la Somera escribe otra novela: El Milano de los Mares, donde narra, de forma muy novelada, las aven­turas de estos despiadados piratas.

Y es en 1955, cuando José María Castro­viejo, quien tomando como base este lamentable suceso, escribe un libro, “La Burla Negra”, y en el capítulo XV, pág. 76, es donde se menciona que después de asaltar el primer barco, la fragata “Morning Star”: “Saint-Cyr de Barbazán propuso entonces que se cambiara el nombre del barco y se le llamara de allí en adelante La Burla Negra. La proposición fue aceptada.”

Por consiguiente, visto el relato de los acontecimientos y los testimonios de los testigos, debemos considerar que lo que en un principio se trató de una confusión o pura invención narrativa de la prensa inglesa, fue seguida posteriormente por escritores e investigadores al beber de esas fuentes que no se ajustaban a los hechos reales. 

Benito Soto fue un despiadado y cruel pirata, un personaje aborrecible y que nadie en Pontevedra debería de sentirse orgulloso de que hubiese nacido aquí. Nunca su barco se llamó Burla Negra, ni hondeó la bandera negra ni ninguna otra bandera pirata, tampoco se inspiró en él ni en sus andanzas José de Espronceda, ya que era contemporáneo del pirata y en ese momento sus fechorías eran reprobadas por la ciudadanía y no se veía en él pirata romántico alguno, sino un cruel asesino, un pirata con toda la fuerza da la palabra. Ni siquiera el celebérrimo tanguillo de “Los duros antiguos” del Tío de la Tiza tiene nada que ver con este infame pirata.

Era simple y llanamente un pirata, y como todo pirata, cruel y sanguinario, sin más doblez.

viernes, 20 de julio de 2018

Teucro fundador de Pontevedra

Según don Claudio González Zúñiga, autor de la primera “Historia de Pontevedra”. Nuestra ciudad fue fundada por Teucro en el año 1215 a. C. 
Cuánto hay de historia o de leyenda sobre el héroe y estos acontecimientos sería otra cuestión a tratar.


Teucro fue un personaje de segundo rango entre los que participaron en la Guerra de Troya y uno de los guerreros que se introdujeron dentro del célebre caballo troyano, famoso por su habilidad en el manejo del arco. 

La escasísima iconografía que sobre este personaje se conoce ha sido el motivo por el que se le ha representado de forma equívoca, así la imagen que podemos contemplar en lo alto de la fuente de la Peregrina, una réplica del cetro del Gremio de Mareantes, más se asemeja a la representación de Hércules matando al “León de Nemea” en uno de sus doce trabajos, o quizá con más parecido todavía a Sansón que fue realmente quien desquijaró al león, ya que Hércules lo mató con la clava. 


A pesar de esta errónea representación, lo que sí parece del todo cierto es que a quien se quería representar era al héroe griego, pues “Teucro” se le denomina al cetro del Gremio de Mareantes y lo ratifica la inscripción que porta.

miércoles, 21 de febrero de 2018

Pontevedra en el mundo

En el mundo existen ocho lugares que se denominan Pontevedra, repartidas en tres continentes:

Pontevedra. Galicia. España
Pontevedra Beach. Florida. USA
Pontevedra. Georgia. USA
Pontevedra. Bogotá. Colombia
Pontevedra. Buenos Aires. Argentina
Islote de Pontevedra. Islas Diego Ramírez. Chile
Pontevedra. Negros Occidental. Isla de Negros. Filipinas
Pontevedra. Cádiz. Filipinas

El origen de la primera y más antigua Pontevedra tiene lugar en el noroeste de España, en Galicia, y su fecha de fundación, con el nombre de Ponte Veteri, fue en el año 1169, así consta en el fuero fundacional otorgado por el rey Fernando II de León.

El nombre primigenio de donde derivó Pontevedra, Ponte Veteri (puente viejo), hacía referencia al lugar donde se encontraban los restos del antiguo puente romano, restos que aún se conservaban del primer asentamiento que se tiene noticia en esta zona y fue durante la invasión romana que se extendió desde el siglo I d.C al siglo IV d.C. Después de esa fecha el lugar permaneció despoblado hasta el siglo XII. 

martes, 20 de febrero de 2018

Presentación libro "Donde la salmuera"

Presentación del Libro de José Benito García "Donde la Salmuera. La Mourerira y sus gentes", en Villa Pilar en Pontevedra, el día 15 de diciembre del 2017. 
Acompañan al propio autor de la obra, Jose Benito García Iglesias; Ana Maria Vicente Rivas (xefa do Servizo de Patrimonio Documental e Bibliográfico da Deputacion de Pontevedra) y el arquitecto Mauro Lomba Martínez, artífice de la restauración y diseño del espacio multidisciplinar Nemonon, ubicado en Villa Pilar.



sábado, 10 de noviembre de 2012

"Fragmentos de la Historia"

   Nuestra ciudad cuenta con una serie de pequeñas historias que bien por hallarse dispersas, o tratarse de cuestiones menudas, o poco transcendentes, pasan desapercibidas y no llegan a formar parte de los libros de historia así entendidos.
   Serán los propios historiadores, cronistas e investigadores diversos, quienes en publicaciones como esta que aquí presentamos, o de carácter similar, las pongan en conocimiento del común de los mortales.
   Quiero mostrar una recopilación de esos “fragmentos de la historia” que de forma cotidiana conviven con nosotros y que por la costumbre de verlos asiduamente, pasan desapercibidos. Me refiero a esos restos de edificaciones, diversos componentes de monumentos y construcciones que ha tenido nuestra ciudad y ahora, fragmentados, forman parte de nuestras calles, plazas y jardines y de nuestro paisaje urbano en general.
   Como bien comentó en su día el historiador Juan Juega, al profesor Filgueira Valverde deberíamos de agradecerle, entre otras muchas cosas, el que fuese el promotor de que muchos de esos fragmentos de la historia, se entremezclasen con el entorno urbano actual, produciéndose esa mixtura de lo antiguo con lo moderno y que no fuesen depositados en almacenes o en el interior de un Museo.
   Comenzaremos por uno de los monumentos más emblemáticos de nuestra ciudad, la Fuente de la Herrería. Ubicada originalmente en la esquina de la Plaza de la Herrería, más próxima a los soportales que se dirigen a la Plaza de Curros Enríquez. Se decidió acometer su construcción en 1537, mediante una Cédula del Emperador Carlos V. En 1858 fue sustituida por otra más moderna ubicada en la Plaza de la Peregrina. Sus restos fueron abandonados, hasta que la Sociedad Arqueológica se hizo con ellos y los conservó en las Ruinas de Santo Domingo. Fue en 1928, cuando la fuente se recompuso de nuevo y volvió a la Herrería, para ocupar su emplazamiento actual, en los Jardines de Casto Sampedro. Hay que hacer constar que el gran tazón no es el original de la fuente, ya que este no fue encontrado.
   Otra fuente contemporánea a la anterior, fue la que se denominó Fuente de Santo Domingo, poco se ha sabido de ella, pero según el Profesor Filgueira Valverde, cabe la posibilidad que la fuente que se encontraba en el Paseo de Santa María y hoy la podemos contemplar al final de la calle Naranjo, contenga la taza original de esa fuente.
   El Reloj de la Peregrina.- El 31 de octubre de 1896, se trasladan las campanas de la torre norte a la torre sur de la Capilla de la Virgen Peregrina y en su lugar se instala el reloj que procede del demolido Hospital de San Juan de Dios y según parece también, una de sus campanas. Este hospital se ubicaba en el solar que ahora ocupa la sede del Casino Mercantil, y recordando su capilla se levantó la todavía existente de las Ánimas.
   El Campanil del Ayuntamiento.- Está situado en la cubierta del Ayuntamiento, próximo a su fachada posterior. Procede también del demolido Hospital de San Juan de Dios, junto con una de sus campanas, en un dibujo de Federico Alcoverro lo podemos contemplar en su ubicación original.
   Las estatuas del Pazo García Flórez.- Situadas en el edificio del Museo denominado García Flórez, en las esquinas del tejado en su fachada principal, la que da a la calle Padre Sarmiento. Estas estatuas pétreas que representan a la Esperanza y la Fortaleza, proceden de la portada del Pazo de San Román que daba a la actual Plaza de Curros Enríquez, el edifico ocupaba todo el solar, conservándose hoy en día parte de su fachada, muy modificada, que daba a la Plaza de Teucro.
   El cruceiro de la Plaza de la Leña.- Su lugar de origen es Caldas de Reyes. Durante un período de tiempo se conservó roto y en piezas sueltas en el interior del Museo. Castelao lo recompuso en un dibujo y tiempo después fue restaurado y emplazado en su lugar actual.
   El cruceiro de Santa María.- Filgueira Valverde y Fernández Ojea, opinan que este cruceiro debió de formar parte del humilladero situado en las proximidades del Puente del Burgo, próximo a la Capilla del Burgo. Desde 1954, su ubicación es la actual, en la Plaza de Fonseca, cercano a la puerta meridional de la Basílica de Santa María. Tan sólo la cruz es original, el resto se corresponde a la adaptación para su nuevo emplazamiento.
   El cruceiro del Campillo de Santa María.- Fue trasladado en época relativamente reciente a su lugar actual, enfrente de la entrada norte de Santa María. Se encontraba en el denominado Eirado das Torres, en la explanada de la Avenida de Santa María, podemos observarlo en el dibujo de Pontevedra de AgustínPortela en su ubicación original, al igual que en diferentes dibujos que se conservan de los restos de las Torres Arzobispales.
   El cruceiro de las Cinco Calles.- En 1962 se retiró de su emplazamiento original en Estribela, hay diferentes versiones sobre su estado en ese momento y una controversia sobre el porqué se cambió de lugar y si debería de volver al mismo, aquí sólo mencionaremos su procedencia y su ubicación original.
   El cruceiro de las Ruinas de Santo Domingo.- Se encontraba en el atrio de la iglesia de San Bartolomé el Viejo, situada en el lugar que hoy ocupa el Teatro Principal y el Liceo Casino y derruida en 1844.
   El cruceiro del Puente de la Barca.- Conocido también como cruceiro d´Asencion, haciendo referencia a una tal María d´Asención, quien lo mandó hacer, según un documento del año 1592. Inicialmente se ubicaba en el barrio de la Moureira, en la actual rúa do Cruceiro, hasta que se trasladó a mediados del siglo XX a su emplazamiento actual, en el comienzo del Puente, pegado al edificio de las Madres Doroteas.
   La puerta de la Delegación de Hacienda.- Frente a los Jardines de Casto Sampedro actualmente se encuentra la Delegación de Hacienda, en cuya puerta de entrada, se instaló la última Puerta de Santo Domingo o “Porta da Vila”, que se encontraba en las antiguas murallas medievales, diseño clasicista de Antonio de Soto en 1789.
   La ventana de San Francisco.- La ventana horizontal apaisada que se encuentra en la fachada de la torre de la iglesia de San Francisco, que da acceso al claustro, procede de la casa que los Churruchaos tenían en nuestra ciudad, en el barrio de Santa María, más concretamente entre la calle que hoy lleva su nombre y la calle Charino; una vez desmantelada ésta y trasladada a la quinta que Augusto González Besada decidió construir en terrenos del vecino ayuntamiento de Poio.
   La verja del Colegio Álvarez Limeses.- Esta verja, modificada por motivos de seguridad al eliminar las puntiagudas puntas de lanza, era la que rodeó en un principio, allá por comienzo del siglo XX, al Monumento de los Héroes de Pontesampaio. Hacia mediados de los años cincuenta del pasado siglo, se decidió retirar ese elemento metálico junto con el pretil de piedra que la sostenían y acabaron por servir de cierre al colegio Álvarez Limeses, inaugurado por esos años, y allí sigue hoy en día.
   Estatua de San Pedro en Santa María.- Situado en la contraportada, en el lado de la epístola, según Filgueira Valverde y otros historiadores, esta imagen proviene del anterior templo románico, antecesor de la actual Basílica y derruido al finalizar esta.
   Monumento a los navegantes y marinos de estas Rías.- El ancla que conforma este monumento que se encuentra en el parque de Las Palmeras de nuestra ciudad, es una de las rescatadas en la ensenada de San Simón, proveniente de uno de los famosos “Galeones” de la Batalla de Rande, en octubre de 1702.
   La estatua de Colón.- En los Jardines de Colón, entre el Palacio Provincial y el instituto Valle Inclán, se encuentra la escultura de Juan Sanmartín. Originalmente su emplazamiento fue en el invernadero del Palacio de Montero Ríos en Lourizán, cuando éste fue adquirido por la Diputación, se decidió emplazar aquí la estatua en el año 1949, tras un intercambio de acuerdos entre la Diputación, su propietaria, y el Concello, que se hizo "depositario" que no dueño, del monumento.
   Los “Santos de Mollabao”.- Algunas de las figuras de santos que rodeaban esta capilla, construida en 1741 y derruida a comienzo del siglo XX, se encuentra desperdigadas por distintos lugares, así tenemos, dos de ellas en el cementerio de Salcedo, otras dos en la fachada de la capilla de San Blas y según parece una tercera en su interior, y el San Francisco que presidía la capilla, en una hornacina en su fachada, lo encontramos en el panteón de Sánchez Cantón en el cementerio de San Mauro.
   Ruinas de Santo Domingo.- Estos magníficos vestigios del que fue uno de los mejores templos góticos gallegos y del que únicamente se conserva la cabecera de cinco ábsides, parte del muro Sur de la iglesia y la entrada al capítulo del convento, albergan restos pertenecientes al propio convento e iglesia de Santo Domingo (capiteles y sepulcros de la nobleza medieval) y otras piezas pétreas procedentes de distintas localidades (esculturas, laudas gremiales, escudos nobiliarios, capiteles románicos y góticos, etc.). Fueron salvadas de su derribo en la década de los ochenta del siglo XIX y podemos considerarlas el mayor fragmento de nuestra historia, dentro alberga una reconstrucción conjetural de la portada occidental de la iglesia de San Bartolomé el Viejo.
   Probablemente haya más “fragmentos” de nuestra historia por ahí recolocados, sirva esta pequeña muestra de ejemplo, que por desgracia no ha tenido la continuidad debida y así podemos comprobar, cómo desde hace un tiempo, se han venido retirando ornamentos urbanos en nuestra ciudad, tales como farolas, bancos, monfortinos, etc., e incluso el empedrado de calles, que en algunos casos eran las piedras originales de la antigua muralla y hasta de las Torres Arzobispales y si bien su riqueza histórica no era excesiva, sí que formaban parte de nuestra historia y se nos priva de poder disfrutarla, máxime cuando estos objetos generalmente van a parar a depósitos donde se acumulan como trastos viejos, pasando al olvido. Así, a día de hoy, podemos contemplar detrás del Museo, en el jardín que da a la calle Juan Novás, como se encuentran acumuladas las dovelas del arco que se encontró, en los años ochenta del siglo pasado, al derribarse la conocida como “casa del notario”, en la Plaza de Galicia y que se creen son originales de la capilla de los Santos de Mollabao y que al parecer ya falta una de ellas.