sábado, 16 de enero de 2010

Cita de Martin Niemöller, erróneamente atribuida a Bertolt Brecht.


Varias son las versiones que circulan sobre cómo fue realmente la cita y cuando se produjo, ya que se ha transmitido oralmente, lo que no deja lugar a dudas es que su autoría, se debe al pastor protestante alemán Martin Niemöller y originalmente se trataba de un breve sermón.
Alude a las consecuencias de la indiferencia, de no hacer frente y ofrecer resistencia a las tiranías en los primeros intentos de establecerse, sobre todo cuando no nos afectan en primera persona.
Fue unos años después, cuando Sibylle Sarah Niemöller von Sell, esposa de Martin Niemöller, respondiendo a la pregunta de un estudiante, acerca de por qué en Alemania nadie se enfrentó a los nazis en su escalada de terror, pronunció de forma exacta estas palabras, que anteriormente había pronunciado Martin Niemöller en su sermón. Esta cita frecuentemente se atribuye, de forma errónea, a Bertolt Brecht y es conocida también como: “Cuando los nazis vinieron...”

"Primero vinieron a buscar a los comunistas y yo no era comunista, así que no hablé.
Después vinieron por los socialistas y los gremialistas, pero no era lo uno ni lo otro, así que no hablé.
Después vinieron a por los judíos, pero yo no era judío, así que no hablé.
Y cuando vinieron a por mí, ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí."

Friedrich Gustav Emil Martin Niemöller, nació en Lippstadt, Alemania, el 14 de enero de 1892, hijo del pastor luterano Heinrich Niemöller y de Paula née Müller. Creció en un ambiente conservador. Se graduó como oficial de la Armada Imperial Alemana y durante la I Guerra Mundial estuvo al mando de un submarino. Cuando la guerra estaba ya próxima a terminar decidió que debía convertirse en predicador, esa historia posteriormente la plasmó en su libro “Vom U-Boot zur Kanzel” (Del Submarino al Pulpito). Entre 1919 y 1923 estudió Teología en Münster. Ya como pastor apoyó al principio la política anticomunista, antisemita y nacionalista alemana de Adolf Hitler y el Tercer Reich. Aunque la tensión con los nazis aumentaba, Niemöller se cuidó de no traspasar ciertos límites, hasta intentó superar a estos en patriotismo y veía con cierta simpatía la revitalización alemana del Nacional Socialismo de Hitler.
Cuando Dietrich Bonhoeffer, un teólogo protestante que también era pastor de la Iglesia Confesionaria, exhortó a los cristianos a ayudar a los judíos y a tomar medidas directas contra la persecución, Niemöller le contestó que la iglesia tenía que preocuparse de su propia seguridad antes de alzar la voz por otros.

No le quedó más opción que levantar al fin la voz contra el nazismo, cuando Hitler, en desarrollo de la política totalitaria de homogenización, denominada oficialmente Gleichschaltung, impuso sobre las iglesias protestantes al grupo de los Deutsche Christen (cristianos alemanes) que unieron 28 iglesias regionales en torno a una denominada Iglesia Evangélica Alemana (Deutsche Evangelische Kirche DEK), a la que se adhirieron la mayoría de los protestantes alemanes. La DEK impuso el "párrafo ario" (Arierparagraph) que excluía de la iglesia a todo creyente con antepasados judíos.
En mayo de 1936, cuando la Iglesia Confesionaria rechazó ciertos aspectos del antisemitismo oficial y pidió de nuevo un alto a la intervención en asuntos eclesiásticos, los nazis arrestaron a centenares de pastores, confiscaron las arcas de la iglesia y asesinaron a un pastor muy importante. Niemöller fue arrestado el 1 de julio de 1937 y condenado el 2 de marzo de 1938 a siete meses de cárcel por un tribunal especial. Después del arresto de Niemöller, la iglesia Cofesionaria también votó por cooperar con el gobierno, agradeciéndole la revitalización de la vida alemana. Como ya había cumplido la condena, al salir fue apresado por la Gestapo y permaneció retenido en los campos de concentración de Sachsenhausen y Dachau, no salió en libertad hasta la derrota de Alemania en 1945.

Después de su liberación, abandonó todo su pensamiento nacional socialista siendo uno de los firmantes de la Confesión de Culpa de Stuttgart, en la cual la Iglesia Evangélica alemana pedía perdón por haber guardado silencio frente al régimen nazi.
En enero de 1946, los representantes de la Iglesia Confesionaria se reunieron en Frankfort para debatir su reconstitución. Una vez más Niemöller subió al púlpito, pero dio un sermón muy distinto a los demás. Detalló las excusas que dio para no alzar la voz:
“Sí, Hitler atacó a los comunistas, pero ¿no eran ateos y revolucionarios? Y sí, aniquiló a los incapacitados y los enfermos, pero ¿no eran una carga para la sociedad? Y claro, detener a los judíos era deplorable, pero los judíos no son cristianos ¿verdad? Y lo de los países ocupados era una lástima, pero al menos eso no ocurrió en Alemania ¿no es cierto?
Ninguna excusa justificaba todo esto, reiteró.
Preferimos mantener silencio ante la excusa de que me habrían matado por ello. Claramente no somos inocentes y me pregunto una y otra vez ¿Qué habría pasado si en el año 1933 ó 1934, los pastores protestantes y todas las comunidades protestantes de Alemania hubieran defendido la verdad hasta la muerte? Puedo imaginar que tal vez 30.000 ó 40.000 cristianos protestantes habrían muerto, pero también puedo imaginar que habríamos salvado a 30 ó 40 millones de personas, porque eso es lo que el silencio nos costó”.
A partir de entonces, Niemöller, se convirtió en un ardiente pacifista y promotor del desarme nuclear. Murió en Wiesbaden el 6 de marzo de 1984 a los 92 años de edad.