jueves, 13 de enero de 2011

Miguel de la Quadra-Salcedo



Deportista innovador.
Corría el verano de 1956. El lanzador era Miguel de la Quadra Salcedo, polivalente deportista. Su primera copa la había ganado como ciclista, lanzaba disco, martillo y peso. Saltaba altura. Corría 100 metros. Tenía el record de España de halterofilia de pesos pesados. Había sido pilier izquierdo en la selección nacional de rugby. Incluso había competido en bobs a cuatro en Cortina D´Ampezzo.
Félix Erausquin le enseñó a tirar la barra vasca, especialidad en la que el atleta gira sobre sí mismo antes de lanzarla. No tardó Miguel en aplicarla a la jabalina.
En París, cuando impresionó a L´Equipe, De la Quadra tiró 62 metros, el récord mundial estaba en 81. De vuelta a España, Miguel de la Quadra, Erausquin y otros lanzadores españoles, comenzaron a acercarse al record del mundo, mientras se desencadenaba la polémica sobre la legalidad del estilo. Pronto llevaron el récord hasta el centenar de metros. Un día de octubre en la Ciudad Universitaria, se dan cita 15.000 personas, Miguel tira 111 metros, la jabalina sobrevuela el campo de rugby y cae en el de baloncesto.
Quizás preocupada por el hecho de que tres españoles puedan copar el pódium de los inminentes juegos de Melbourne (al final España no iría), la Federación Internacional cambia el reglamente y prohíbe dar vueltas antes de lanzar el dardo. Miguel ni se inmuta y en Puerto Rico, lanza, sin vuelta, 91,8 metros, nuevo récord del mundo. La federación cambia por segunda vez la reglamentación, tampoco la punta de la jabalina puede mirar atrás. Allí se acabó el vuelo de la jabalina española.
Muchos años después, Miguel de la Quadra, cuando ya era reportero de televisión, pasó un día por los territorios de una tribu amazónica poco amiga de los forasteros, cogió una lanza y después de la vuelta oportuna, lanzó el arma al otro lado del ancho río del poblado. Los indios se disputaron los pelos de su bigote, los querían como amuleto.

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