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domingo, 6 de mayo de 2018

La verdadera historia del infame pirata Benito Soto. Parte 5ª y última.


Soto mandó asesinar a las tripulaciones de las fragatas Morning-Star y Topaz y dar a estas barrenos para no dejar vestigios de sus crímenes, además incendiar la nave americana. Había testigos que así lo constataron durante el proceso judicial, donde reconocieron a Benito Soto como el capitán del barco pirata que les abordó en alta mar, les robó sus mercancías y pertenencias, violó a las mujeres y asesinó a parte de los hombres, después los abandonó a su suerte.
Benito Soto consiguió huir y se embarcó en Cádiz con destino a Gibraltar, donde fu
e detenido y después juzgado por los tribunales ingleses. El juicio no había dejado lugar a dudas, se le condenó por actos de piratería a ser ahorcado y descuartizado, y que su cabeza fuese colocada en una escarpia en un paraje a orillas del mar, para público y general escarmiento.

Se demostró que fue Soto quien encabezó la rebelión y sublevación del bergantín, fue él quien dio muerte alevosa a su émulo y competidor Miguel Ferreira apodado Mercurio. Ordenó el asalto del buque inglés Morning-Star, del estadounidense Topaz, de los ingleses Cessnock y Sumburg, del portugués Ermelinda y del también inglés New Prospect. Dio orden de robarles, maltratarles, vejarles y consentir que se cometieran con ellos las más aborrecibles e infames tropelías.


Todos los delitos que se cometieron desde el motín fueron ordenados o dirigidos por Soto y ejecutados por su propia mano alguno de los más atroces. Además de la muerte de Miguel Ferreira, asesinó fríamente de un pistoletazo a un marinero de los cuatro que acompañaron al bergantín al capitán de la fragata americana Topaz, y del mismo modo hirió después de muerte al mencionado capitán. Ordenó los asesinatos del capitán y marineros de la Mornig-Star, que lo acompañaron al bergantín; el de Francisco Caraballo y después, en la travesía de Pontevedra a La Coruña, los de sus compañeros de sedición: Juan el cocinero, el negro Joaquín y el marinero americano del Topaz quien según los piratas Soto lo mató de un tiro. Pasan de 75 las vidas que ordenó quitar, actos de inaudita crueldad pues no hubo combates ni disputas, las víctimas se encontraban indefensas y rendidas.

A las nueve de la mañana del 25 de enero de 1830, cinco días después de haber sido juzgado, el reo fue conducido al lugar donde se había determinado tuviera lugar la ejecución. Caminaba lentamente detrás del carro que portaba su féretro, con un crucifijo en la mano y asistido por un sacerdote español, acompañado de una pequeña guardia.

El antiguo jefe de piratas, con aire de insolente altanería y feroz mirada, parecía no tener culpa alguna de que arrepentirse. Llegó al lugar donde se alzaba el patíbulo y con toda serenidad se subió a la carreta. El verdugo tomó la soga con sus manos y la situó alrededor de su cuello, incluso como había quedado algo corta, el reo no había tenido ningún reparo en subirse a su propio ataúd, situado en el mismo carromato, para facilitar el trabajo de colocarle su mortífero dogal. Cuando se dio la orden, el verdugo atizó al caballo separándose violentamente la carreta, el cuerpo de Benito Soto pendió de la soga con un brusco estremecimiento que duró más de lo habitual, pues esta había cedido y sus pies rozaban el suelo, alargando por lo tanto su agonía, tuvo que ahondarse el suelo a sus pies para que estos quedasen definitivamente suspendidos. Tras ello todo acabó, su cuerpo colgado y su alma a la eternidad de los infiernos.

En todo el proceso del juicio contra Benito Soto y el resto de piratas, el cual plasmó en el libro “Los piratas del Defensor de Pedro. Extracto de las cau­sas y proceso formados contra los piratas del bergantín brasileño Defensor de Pedro”, escrito por el Capitán de Navío, Joaquín María Lazaga y Garay, en 1892, y de donde he extraído toda la información para estos artículos; en ningún momento se menciona que el barco “El Defensor de Pedro” se le cambiase el nombre por el de “La Burla Negra” ni que ondease bandera pirata alguna. Parece ser que fue la propia prensa inglesa de la época quien, en una confusión o ante el desconocimiento del verdadero nombre del barco, pasó a denominarle “Black Joke” (Broma Negra), como a otros navíos de esas características a lo largo de la historia.
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El escritor inglés Philip Gosse (1879-1959) escribió cuatro volúmenes sobre piratas, el último de ellos, “The History of Piracy” (Historia de la Pirate­ría), escrito en 1932, es un compendio de todo su saber sobre el tema, aunque cuando menciona a Benito Soto aporta datos incorrectos, afirmando que nació en La Coruña, y es él, o al menos así lo creo, el primero que menciona que al “De­fensor de Pedro” los propios piratas le cambiaron el nombre por el de Black Joke (Broma o Burla Negra), suponemos que recabando la información aparecida en su momento en la prensa británica.

Bastantes años antes, en 1859, el escritor Alejandro Benisia y Fernández de la Somera escribe otra novela: El Milano de los Mares, donde narra, de forma muy novelada, las aven­turas de estos despiadados piratas.

Y es en 1955, cuando José María Castro­viejo, quien tomando como base este lamentable suceso, escribe un libro, “La Burla Negra”, y en el capítulo XV, pág. 76, es donde se menciona que después de asaltar el primer barco, la fragata “Morning Star”: “Saint-Cyr de Barbazán propuso entonces que se cambiara el nombre del barco y se le llamara de allí en adelante La Burla Negra. La proposición fue aceptada.”

Por consiguiente, visto el relato de los acontecimientos y los testimonios de los testigos, debemos considerar que lo que en un principio se trató de una confusión o pura invención narrativa de la prensa inglesa, fue seguida posteriormente por escritores e investigadores al beber de esas fuentes que no se ajustaban a los hechos reales.

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